Michihiko Hachiya era médico y director del Hospital de Comunicaciones de Hiroshima cuando cayó la bomba atómica a la ciudad. Este libro es el resultado de la publicación de su diario que empezó el día que cayó la bomba atómica y comprende hasta el día 30 de septiembre de ése mismo año, todos los hechos relatados son verídicos.

Durante la lectura de su relato he aprendido un nuevo término japonés pikadon. Pika significa resplandor, destello o luz muy viva, como el destello de un relámpago; Don significa ruido muy fuerte, estrépito. Pikadon describe las dos palabras juntas expresando el resplandor intenso y el ruido fuerte que caracterizó la explosión de la bomba atómica. Cabe destacar que no todos los habitantes de Hiroshima y alrededores percibieron la explosión como pikadon. Los que se encontraban en el epicentro solo hablan de pika, el resplandor, las personas que se encontraban suficientemente lejos experimentaron ambas percepciones y lo describían como el pikadon.

Puesto que el autor del diario es un médico, sus aportaciones al diario reflejan la incertidumbre inicial que se vivía en Hiroshima en especial en el Hospital, no tenían información de qué originó la explosión y que comportaba ésta sobre la gente. Entendieron que no se trataba de una bomba conocida sino de otro tipo de arma. Corrían rumores que un gas mortal envolvía la ciudad y sus ruinas, pero como médico descartó esta explicación. Más adelante, cuando van obteniendo información del exterior, van adquiriendo más conocimiento sobre lo que estalló en la ciudad, ¿pero y los enfermos? La población que se encontraba en el epicentro resultó quemada por la bomba y por los posteriores incendios. Los que sobrevivían a sus quemaduras, presentaban a los primeros días, vómitos, nauseas, diarreas…algunos sobrevivían otros morían. ¿Cómo estudiar sus patologías? El Hospital de Comunicaciones de Hiroshima se encontraba de pie, pero su material estaba destrozado por la explosión, sin microscopios, sin libros… poco podían averiguar. Posteriormente al adquirir poco a poco instrumentación, nuestro médico y su equipo fueron investigando y llegando a conclusiones en relación al “mal de la radiación”.

También veréis reflejado el pensamiento de un japonés en relación al resultado de la guerra, en el autor. Su soporte al emperador, la vergüenza de la guerra, el miedo a la invasión norteamericana…

Diario de Hiroshima

 

Título: Diario de Hiroshima de un médico japonés (6 de agosto – 30 de septiembre)

Autor: Michihiko Hachiya

Editorial: Turner

Colección: Armas y letras

Páginas: 236 págs

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La creación, pero sobretodo el uso de la bomba atómica por primera vez en Hiroshima, llevó a muchos científicos a sentirse culpables y responsables del fin en que se utilizaron sus investigaciones. En el libro se comenta que en ese momento se mató a una bella ciencia y que el amor al descubrimiento científico terminó en una carrera bélica con la construcción del arma más letal. Aunque la decisión final del uso de la bomba, no fue científica, sino política.

A continuación se expone una relación histórica de las distintas investigaciones y descubrimientos que llevarían a la creación de la bomba atómica.

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Hace ya unos años tuve la oportunidad de visitar Nagasaki y el museo dedicado a la bomba atómica. Allí descubrí un libro editado en español, cuando la mayoría estaban en japonés o inglés, y no pude evitar comprarlo.

Se trata del libro “Nagasaki bajo la bomba atómica. Experiencias de unas jóvenes colegialas” en el que Michiko Nakano ha recogido su testimonio y el de otras chicas estudiantes que sobrevivieron al ataque de la bomba atómica en Nagasaki, para darlo a conocer al mundo y evitar así que en la historia mundial se repita suceso similar.

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George Weller (1907-2002) fue el primer corresponsal a entrar en Nagasaki tras el lanzamiento de la segunda bomba atómica en Japón. Los partes que George Weller escribió desde Nagasaki tan solo cuatro semanas después del bombardeo fueron censurados y destruidos por el general MacArthur. No obstante, Weller salvó su copia de los partes realizada con papel carbón, pero desapareció. Su hijo, Anthony Weller, la descubrió hace poco y este libro es el resultado de ello.

El general MacArthur había prohibido el acceso a la prensa a Hiroshima y Nagasaki. Se les ofreció solo la oportunidad de visitar una base de kamikazes al sur de Japón o bien visitar un campo de prisioneros japoneses. Mientras que todos los periodistas se apuntaron para visitar el campo, George decidió ir a la base de kamikazes, por proximidad a Hiroshima y Nagasaki, y buscar la oportunidad de llegar allí. Y lo consiguió. Junto con un sargento que conoció en la base de kamikazes se escaparon por separado y se encontraron en una estación de tren donde conocerían a 3 prisioneros holandeses, quienes les seguirían en el viaje, finalmente a Nagasaki. Una vez allí, George se hizo pasar por coronel, quien también les asignó distintos rangos a sus compañeros de viaje y se presentó ante el general japonés en Nagasaki a quien pudo convencer de su falsa identidad y tuvo vía libre para alojarse y descubrir Nagasaki y a los testimonios de la explosión de la bomba atómica.

Ahí empieza su aventura como corresponsal y se recopila toda la información que obtuvo en su estancia en Japón.

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Este es el libro que recoge la correspondencia entre Claude Eatherly, el piloto que lanzó la bomba sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945; y Günther Anders, filósofo vienés.

Permitidme aclarar un asunto, de hecho Claude Eatherly no fue el piloto del Enola Gay, el avión que transportaba la bomba atómica, sino el piloto del avión Straight Flash que debía seleccionar el objetivo en el que caería la bomba, avión que iba un poco más de una hora delante del Enola Gay. En un claro de nubes situado encima Hiroshima, el objetivo era el puente Aioi, pero por un error de cálculo finalmente cayó en el hospital Shima.

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El avión “Straight Flash” cuyo piloto era Claude Eatherly

La parte de la misión que Claude Eatherly tenía que cumplir pues, era dar el “go ahead”, “adelante” al bombardero Enola Gay.

En este libro se constata el rechazo de Claude Eatherly, al ser nombrado héroe en su país tras su misión, se negó a que se le honrara como a héroe. Estamos ante el antihéroe de Hiroshima, que al contrario de sus compañeros, entre ellos el mismísimo Paul Tibbets, piloto del Enola Gay que declaró que estaría dispuesto a volver a lanzar la bomba atómica sobre Hiroshima, sin guardar ningún sentimiento de culpa, pues cumplió con el deber nacional.

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