Coincido con la crítica de Jon Stewart sobre este libro:

Impresionante. No se parece a nada que haya leído.

He leído ya varios libros sobre Corea del Norte, sobre la impresión que les ha causado a los autores, pero como ya sabemos, las entradas en Corea del Norte están totalmente pautadas, es muy difícil salirse del guión, y aún más, poder formar parte del día a día de los ciudadanos.

Suki Kim, nacida en Seúl, pero residente en Estados Unidos, ya había viajado  a Corea del Norte como periodista en anteriores ocasiones. Esta vez, encubierta como misionera cristiana, tendrá la oportunidad de formar parte de las vidas de 270 estudiantes que forman parte de la élite norcoreana, enseñando inglés.

Su libro es el resultado de los meses en convivencia con ellos, mientras tomaba notas en un USB que siempre llevaba consigo. De esta forma, vemos en el libro de Suki Kim, un punto de vista totalmente nuevo a los libros que nos han llegado hasta ahora, sobre viajes a Corea del Norte o testimonios de desertores norcoreanos; nos ofrece la oportunidad de formar parte de su experiencia, desde un punto de vista totalmente distinto.

Cuando Suki Kim llega al aeropuerto de Corea del Norte, de lo primero que se da cuenta es de “el silencio ensordecedor” que le da la bienvenida, algo totalmente impensable en los aeropuertos. Pero este silencio contrastaba con los altavoces en Pyongyang emitiendo música, las cuales eran o bien canciones de amor o patrióticas. Todo ello acompañado por los eslóganes y los televisores emitiendo siempre la misma imagen, el mismo producto el Gran Líder.

Suki Kim tampoco podía caminar libremente e ir a otros sitios sin vigilancia. Su vida en Corea del Norte tenía lugar en el campus de hormigón. La docencia obviamente estaba totalmente controlada, las lecciones, los libros,… debían ser previamente aprobados por las contrapartes (profesorado norcoreano); así como el material adicional, se debía presentar para su aprobación con suficientes días de antelación.

También nos cuenta las normas que advirtieron al profesorado antes de ir a Corea del Norte. Voy a enumerar algunos ejemplos:

  • Vestir para las clases como si fueran en una reunión de trabajo: falda y chaqueta para ellas, pantalones de pinzas y chaqueta para ellos. Nada demasiado elegante. Vestir de forma decente por el campus, ni pantalones cortes ni camisetas con chanclas. Esas prendas son solo aceptables en los dormitorios. Prohibidos los vaqueros. A Kim Jong-Il no le gustan porque los asocia con Estados Unidos.
  • Cuando salían del campus, no debían intentar acercarse a nadie ni conversar con nadie. Un supervisor y un conductor les acompañarían siempre. El supervisor revisará siempre todas las fotografías y filmaciones que se hagan. Si se visitan monumentos o se come en restaurantes exclusivos para extranjeros, tienen que pagar también los gastos de supervisor y el conductor. También tendrán que pagar el combustible.
  • Si querían llevar música, mejor en iPod, los CD’s no les gustan ya que se pueden entregar a la gente.
  • Traer más de una linterna y una buena provisión de pilas. El campus no está iluminado de noche y suele haber apagones.
  • Traer efectivo: no hay cajeros y no se puede pagar en tarjeta.
  • Al hablar con estudiantes, evitar temas políticos, asuntos excesivamente personales o lo que tenga que ver con el exterior. No ser entusiastas al hablar de la propia cultura. No hablar de religión con ellos.
  • Jamás dar a entender que hay un problema en el país.
  • No hablar en coreano, siempre en inglés.

Tener que vivir así, en un campus rodeado de normas, sin libertad, como la autora estaba acostumbrada a su país, era aún peor que una cárcel. Con el estrés constante de no ser descubierta, supera todos los obstáculos. Además de todas las normas, las conversaciones en las habitaciones se grababan, el correo y consultas a Internet eran vigiladas,  por lo que no había un momento de libertad.

Suki Kim impartió clases de inglés en la PUST, a alumnos perfectamente seleccionados entre la élite norcoreana. El resto de universidades estaban cerradas y los alumnos que no habían entrado en la PUST, estaban ayudando en la construcción del país. Además le tocó la Clase 1 de inglés, que eran los alumnos más avanzados, y por lo tanto también los chicos más cerca del régimen, como consecuencia los más peligrosos, puesto que si tenía un desliz, en su intención de “despertar” a esos chicos, rápidamente la denunciarían.

Sin libertad de hablar con sus estudiantes, Suki Kim, se las arregló de forma indirecta para conocer un poco la vida de sus estudiantes, sus pensamientos… y les hacía escribir redacciones en inglés, de distintos temas, para conocer un poco más su vida a través de ellas. Cuenta que cuando les hizo escribir sobre cómo conquistar a una chica, la mayoría no sabían ni qué poner, parecía que estaban más preocupados en servir a la patria.

También le impresionó que el uso de “mi” es inexistente, siempre hablan de “nuestro”: líder, país, patria,… Uno de los cánticos que cantaban los alumnos era la canción “Sin ti no hay nosotros” dedicada a Kim Jong Il, de ahí el título del libro.

Los chicos nunca iban solos, siempre les obligaban a tener un compañero, que iba rotando, de este modo eran leales entre ellos y se ayudaban mutuamente. En clase les costaba muchísimo salir voluntarios, o asistir a las tutorías que eran recomendadas, … estaban acostumbrados a acatar órdenes.

Sobre el idioma coreano, la autora comenta que quedó sorprendida de su deterioro. Usaban palabras malsonantes en conversaciones cotidianas, pero también en discursos y en escritos.

Una vez, un tema les llevó a hablar de los cupones de racionamiento y averiguó que no todos los ciudadanos reciben el mismo número, depende de la lealtad hacia el partido. Sus alumnos cuando le preguntaban por su país, América, a menudo le hacían preguntas trampas como… ¿tenéis que pagar alquiler? Nosotros aquí en Corea del Norte, no; etc. Cuando tenían la ocasión ensalzaban las “ventajas” de su país.

En relación a la comida a Suki Kim le recordó la comida China, por las influencias que ha recibido Corea del Norte de su histórico aliado.

Es un libro como no hay cualquier otro sobre Corea del Norte, una joya, tenéis que leerlo.

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Libro: Sin ti no hay nosotros

Autor: Suki Kim

Traducción de Pablo Álvarez Ellacuria

Editorial: Blackie Books

324 págs

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