Este libro, a diferencia de los anteriores que he comentado en el blog de Bruno Galindo y de Roger Mateos Miret sobre Corea del Norte, no se trata de un libro de viaje, sino un relato de la vida en Corea del Norte que la autora ha escrito a partir de entrevistas con disidentes norcoreanos que escaparon del país, manteniendo su anonimato, pues es delito que un norcoreano abandone su país y el castigo puede llegar a ser la muerte.

Los testimonios del libro tienen en común que vivían en la región de Chongjin. Ésta es la tercera ciudad más grande de Corea del Norte y a la vez la que se vio más afectada por la hambruna que caracterizó la década de los noventa.

 

A través de los testimonios vemos la historia de Corea del Norte. Como pasó de ser un país rico, con recursos, industria, etc. a un país que se quedó atrasado sobretodo tras la distanciación con Rusia después la Guerra de Corea. La industria que al principio participó en el crecimiento del país, se fue quedando obsoleta y con la disminución de recursos, cesaba gradualmente la actividad en Corea del Norte. La población fue quedando sin electricidad, primero cortes pequeños, luego de más tiempo,… De aquí viene la tan conocida fotografía de noche por satélite, de la península coreana, donde se puede apreciar perfectamente Corea del Sud iluminada y Corea del Norte a oscuras.

Es curioso ver como al inicio del libro, de los años sesenta a los ochenta, la mayoría de los testimonios vivían una época relativamente sin preocupaciones y con sus necesidades básicas cubiertas. Una de ellas cuenta como salía con un chico durante la noche, porque en la más completa oscuridad no eran vistos. La familia del chico, tenía un pasado ejemplar para el Partido, con posibilidades a prosperar, a diferencia de ella, que su padre fue un refugiado surcoreano de la Guerra, y este hecho ya apartaba a ella y sus hermanos de un futuro prometedor, a diferencia de él. Si hubiesen sido vistos juntos, quizá las oportunidades de él se hubieran reducido. Era una época cómoda para la población, siempre que se respetase a Kim Il Sung y Kim Jong Il. La población tenía la obligación de avisar de cualquier hecho que pudiera ir en contra del Partido de los Trabajadores de Corea. El partido además repartía retratos de Kim Il Sung i Kim Jong Il, junto con un trapo. La gente debía colgarlos en su hogar y mantenerlos limpios. No era permitido colgar nada más en la pared que los retratos mencionados, ni aunque fueran fotografías de la familia. Si en un momento dado llegaba una inspección a un hogar y los retratos no estaban colgados o bien estaban sucios, su propietario recibía su castigo.

El libro también relata como vivieron los testimonios la muerte de Kim Il Sung. En ésa época, la calidad de vida iba disminuyendo y empeoró tras la muerte del Gran Líder. La gente se fue quedando sin trabajo y no recibían comida. La población tuvo que ser creativa y ver cómo se las podían ingeniar para conseguir comida y lo cierto es que era muy difícil, si no se quería incumplir con la política del Partido de los Trabajadores. Aun así, fue inevitable que se formara el mercado negro, para conseguir comida. En este punto se puede observar como alguno de los testimonios que creía ciegamente en el Partido, fue perdiendo su confianza en él para poder sobrevivir. En un capítulo se comenta que muchos de los “buenos” murieron, es decir todos aquellos que siguieron las normas del Partido, murieron de hambre. El relato de las experiencias de los testimonios norcoreanos, durante la hambruna de la década de los noventa, está relatada con un realismo, que no deja indiferente al lector. También se debe señalar, que la hambruna que pasó Chongjin, no era la misma que la que vivió Pyongyang, la cual tuvo más recursos a su alcance.

Durante esta época, fue cuando los testimonios buscaron la manera de salir de Corea del Norte, algunos de forma más voluntaria y consciente y otros aún no tenían claro que no volverían. Los testimonios huyeron del país cruzando el río Tumen y llegando así a China. Los primeros fugitivos lo tuvieron más fácil, se podían establecer en China sin mucha dificultad, posteriormente la situación cambió, tras la política que se tomó de perseguir a los fugitivos norcoreanos y devolverlos a su país de origen, donde cumplirían con su castigo. Hay un testimonio que comenta, que tampoco creía que en China se viviera mejor, pero al ver que un perro comía un plato de arroz, lo tuvo muy claro.

Finalmente, en los capítulos finales se explica cómo es la vida de estos disidentes norcoreanos en Corea del Sur. Algunos aún con familia en Corea del Norte. Cuando consiguieron llegar a Corea del Sur, allí les hacen un interrogatorio exhaustivo para asegurarse que no se tratan de espías norcoreanos, que buscan los disidentes para darles su castigo. Tras días de interrogatorios, recibieron una formación para adaptarse a Corea del Sud y una ayuda económica. Se comenta que no todos ellos se adaptaron de igual manera al estilo de vida de Corea del Sur.

Título: Querido Líder

Autor: Barbara Demick

1a edición: mayo 2011

Editorial: Turner Publicaciones

Traducción: Pablo Sauras

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