Tras mi primer contacto con mi peluquera japonesa que ya comenté en mi anterior post. Fui derecha a mi cita con ella, un domingo por la mañana. Aunque tuvimos un principio un poco difícil (risas), lo cierto es que como no puede ser de otro modo en la cultura japonesa de trato con el cliente, me trató de maravilla.

1. La peluquería

La peluquería es de barrio, muy pequeñita, está la peluquera sola (sin ayudantes), una mujer de unos 50 años, pero quizás tenga 60 años, porque los japoneses siempre aparentan menos edad de la que tienen. La tienda forma parte de su casa. La tiene decorada de forma muy cuqui, con muñequitas, una oveja de peluche enorme sentada en una silla como si fuera una clienta y por las paredes tenia decoración colgada de acorde al tiempo que era. En noviembre tenía una decoración en concreto, por navidades otra, por año nuevo otra,… La decoración de la tienda cambiaba de acorde con las estaciones, los eventos,… era totalmente dinámica.

2. El cuidado del cabello por delante del dinero

La peluquería constaba de tres sillas para clientes, con sus espejos correspondientes. Me hizo pasar y sentarme en la silla de enmedio y allí empezó a explorar mi pelo. Nunca nadie antes se había mirado con tanto detenimiento mi pelo, buscó por dónde me salían las canas, por dónde no… Y tras 10 minutos de hairstyle and moneyremirarme me preguntó si iría a menudo. Le dije que cada mes aproximadamente, ya que es lo que me dura el tinte. Me dijo, tenemos que castigar lo mínimo el cabello con el tinte. Por lo que vamos hacer lo siguiente: hoy te hago solo media cabeza (por dónde tenía las canas) y el próximo día hacemos todo, vamos intercalando y así será más sano para el cabello. Anda que en España alguien se preocupa por el estado del cabello por delante del negocio! Pues sí, me salía muy bien de precio, porque un mes me cobraba muy poco y el otro lo normal que me gasto en mi país.

3. Máxima orientación al cliente

IMG_3487Cuando llegaba y me sentaba a la silla, ya tenía preparada en la mesa del espejo un par de revistas para que me pudiera entretener. Revistas con fotos, manga,… creo que hasta tenía en cuenta qué tipo de revista era más adecuada para mí que era extranjera.

Una vez me ponía el tinte, siempre me ofrecía un te, por lo que me contó lo hacía con algas porque es mucho más saludable y antioxidante. Lo que a mi paladar me parecía más una sopa…

Por otro lado, me sorprendió muchísimo no tener que levantarme de mi silla donde me ponía el tinte, cortaba, al sitio para lavarme el pelo. Reclinaba la misma silla, y de un lado de la peluquería extendía un brazo (con su desagüe incorporado) con un lavadero para lavarme la cabeza, todo sin moverme de la silla y sin mojarme una gota.

4. ¡Puntualidad japonesa hasta en el tinte!

Cuando la peluquera me aplicaba el tinte, ponía dos alarmas, para hacer el tiempo exacto que me tocaba cada fase. Anda que aquí vigilan tanto el tiempo… es más, si las peluqueras tienen trabajo, se ponen a hacer otra persona y allí te puedes morir esperando, incluso a veces te empieza a picar… Ella nunca tenía dos personas a la vez, era más importante dar un servicio perfecto que darlo de cualquier manera, aunque aquello no le diera tantos ingresos. No es porque no tuviera faena, siempre se le llenaba la agenda, incluso recibía llamadas que tenía que rechazar por no poder hacerlas.

5. Trato personal

IMG_6658El trato fue excelente y cuando nos veíamos íbamos conociéndonos y resultó que mi peluquera era experta en peinados de quimono. Pero actualmente, prácticamente nadie lleva la vestimenta tradicional japonesa y se tuvo que adaptar a los nuevos tiempos. Era muy honesta y me confesó que la primera vez que me cortó mi pelo, tenía mucha inseguridad dado que el corte que llevo (melena larga escalada) no era habitual allí. Tengo que decir que lo hizo muy bien y no tuve ningún problema. Cómo vivíamos tan cerca, muchas veces por la mañana cuando luchaba por caminar entre la nieve caída en Sapporo me la encontraba a ella paseando a su perro y nos dábamos los buenos días.

Durante el tiempo que estuve allí mi grupo de pop japonés favorito, SMAP, se rumoreaba que se separarían. Me dijo mi peluquera que se preocupó por mi, que me gustaban tanto… y que se puso muy contenta por mi también cuando supo que no se separaban! Qué buena es! Tenía que irme en enero y en aquella ocasión me regalo un accesorio para el pelo para recogérmelo (foto de arriba), que aún no se usar… Pero como finalmente me fui en marzo, en aquella ocasión me regaló un abanico decorativo (foto inferior) para mi madre que debía estar preocupada con la hija tan lejos durante medio año.

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Le estoy muy agradecida por todo y me sabe mal no hacerme una foto con ella, pero no se lo pedí por miedo a no importunarla. Si vuelvo a Sapporo, iré a visitarla de nuevo.

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